03 · Tres Cuadras Después de Medianoche
A esta hora Once cambia de dueño. Los locales de telas bajan la persiana y algo distinto sube, algo que durante el día se esconde entre los rollos de género y las cajas apiladas hasta el techo.
El maniquí sin cabeza de la vidriera de la esquina no se mueve, pero cuando paso por segunda vez —porque me perdí, porque Once te hace perderte aunque lo conozcas— juraría que cambió de postura. Un brazo antes caído ahora apunta, apenas, hacia Jean Jaurès.
Sigo la dirección del brazo sin decidirlo del todo. Las cuadras se estiran de esa manera en que se estiran las cuadras a la una de la mañana, y el ruido del tren que ya no pasa sigue, de algún modo, sonando bajo el asfalto.
Llego a destino sin recordar haber cruzado ninguna calle. Es la última foto del rollo veintiséis: no hay rollo veintisiete que la contradiga.